Panamá, ida y vuelta

Lo más difícil hoy en día en Panamá es conseguirse con un panameño. Es una frase excesiva, pero si eres venezolano y vas de visita por tres días puedes vivir esa sensación. En cualquier centro comercial, restaurant o supermercado te vas a topar con un nutrido collage de caraqueños, maracuchos y orientales. Se habla de 150 mil venezolanos residiendo en un país de apenas 4 millones de habitantes. La cifra del éxodo sigue aumentando.

Desde hace años una alta dosis de venezolanos hace cabriolas para huir del país, de la ruina o de la muerte (marque con una equis donde su depresión elija). En ese hito crucial que es el exilio muchos procuran la opción menos traumática. La distancia y el idioma son elementos decisivos. Lejos, pero no tanto. Afuera, pero con el mismo diccionario. Panamá, para los venezolanos, más que un país, es una redención.
El destino es un quién sabe en el pasaporte.

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Hace dos fines de semanas me tocó viajar a la ciudad de los rascacielos caribeños por motivos de trabajo. Allí se encontraban ya Tania Sarabia y Claudio Nazoa para presentar en el Teatro de la Huaca de Atlapa Ese Humor que es el Amor, donde funjo de anfitrión en un divertimento que ambos tejen con maestría a propósito de los ancestrales vínculos entre la sonrisa y la piel, la carcajada y el orgasmo, la seducción y el humor.

En Venezuela todo viaje en avión se ha convertido en una epopeya. Por razones que no logro descifrar, la línea aérea que me transporta desde Maiquetía hace escala en esa penitencia que es el aeropuerto de Barcelona. Aunque se esmeran en disimularlo, es un aeropuerto internacional. Allí esperó 4 horas para abordar otro avión que me llevará al destino final. En tanto tiempo es inevitable recibir una gran dosis de ese coctel nacional que hoy nos designa: penuria, negligencia, abandono. Para decirlo rápido: el estado Anzoátegui posee un aeropuerto francamente vergonzoso.

Primera noticia: el aire acondicionado no sirve desde hace meses. Afuera, el sol oriental derrama su temperatura de horno. Sientes opresión en los pulmones. Caminas de un lado a otro buscando oxígeno. Juras que luego de pasar inmigración todo será distinto. La cola es lenta, lentísima. Un policía me exige botar una botella de agua para entrar a una segunda cola donde el proceso de deshidratación se acelera. Realmente la medida de seguridad debería ser evitar que la gente se desmaye por el sofoco. Los empleados del aeropuerto se abanican con papelitos y quieren arrancarse las camisas de mangas largas que les obligan a usar. Pasas inmigración y te encuentras con la segunda noticia: el calor es muchísimo peor...

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@Leonardo_Padron